Un viaje puede cambiar tu vida.


 

Hay muchos jerga y frases sobre los viajes en Internet, pero lo que pocos piensan es cuánto puede cambiar tu vida un viaje. Para decirte la verdad, ella puede estropear todo lo que creas que es correcto para ti. Ese trabajo aburrido, pero eso te garantiza un buen salario; una relación larga que ya es mitad mueca; opiniones y actitudes que tenía como correctas y que ahora comienza a revisarlas. Todo puede irse al infierno, y antes de viajar, debes estar dispuesto a renunciar a eso, si ese es el caso.

Pero para cambiar tu vida, este viaje debe ser real. No estoy hablando de las vacaciones que pasas en un resort frente a una playa paradisíaca. Hablo de un viaje gratis, que te desafía y que te muestra un nuevo lugar lleno de gente y cosas interesantes.

Conozco a una pareja que planeó su primer viaje internacional durante meses. El destino elegido fue Europa. Embalados, se fueron, pero lo que no esperaban era que estarían en una profunda crisis después de pasar varios días viajando juntos.

Imagino que conocieron lugares fantásticos, muchos de ellos románticos allí, pero en los últimos días apenas podían sostenerse el uno al otro. Uno a cada lado contaba los minutos para que el viaje terminara.

La explicación de esta crisis fenomenal puede ser simple: nunca habían pasado tanto tiempo juntos incluso después de años de matrimonio. Pensando así, fue la cordialidad lo que hizo que ambos reflexionasen sobre sus elecciones y eso incluye estar casado.

Cada viaje es desafiante y esto se potencia aún más cuando viajamos juntos. No siempre te levantarás de buen humor o con una punzada para enfrentar esa fila queométrométrica que tiene cada lugar tocado por los turistas. No siempre querrás asar tus miserables reales en un famoso restaurante, pero probablemente tendrás que hacer para complacer a los que te acompañan en el viaje.

Afortunadamente, esta pareja de amigos logró ganar la crisis y esperar la llegada del primer bebé. Será un niño.

Tengo un amigo que dejó su trabajo para hacer un viaje de regreso al mundo y para eso se gastó toda su reserva. La cantidad sería suficiente para dar una buena entrada a un apartamento o incluso para establecer una microempresa. Pero cuando le pregunto si lamenta lo que hizo, la respuesta que ya deberías imaginar: no, él no se arrepiente.

No se arrepiente porque ni un buen departamento ni una empresa exitosa pueden ofrecer lo que ofrece un buen viaje. Y puede estar seguro de que las cosas que más le marcarán durante su viaje son aquellas que el dinero de todo el mundo no paga.


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La sonrisa estrellada de esta mujer allá arriba me ayudó a entender el dialecto de los residentes de Tarabuco, Bolivia. La espontaneidad de la señora que intentó ayudarme cuando estaba buscando algo en el mapa en una de las calles de Vancouver, Canadá. La mirada profunda de la niña peruana, en la ciudad de Ollantoytambo. La forma comunicativa de la vendedora en la playa de Boca Chica, República Dominicana. Los curiosos susurros de los niños egipcios antes de que me pidieran que me tomara una foto con ellos. Nada tiene más valor que esta relación que tenemos con nuestro vecino cuando viajamos.

Cuando viaje, el tiempo es suyo. Nada es más importante que usted y su proyecto para los próximos días. Este proyecto puede incluso ser el de no hacer nada o deambular sin rumbo por las calles de un pequeño pueblo donde acaba de llegar.

Un viaje puede cambiar tu vida porque, a menudo solo, sabes que la única persona con la que puedes contar es tú mismo. En estas situaciones, descubres la fuerza donde no existías, desarrollas habilidades para superar tus miedos e incluso te vuelves más sensible para reconocer tus fallas.

La realidad es que un viaje pone a prueba nuestros límites. Se enfrenta a nuestras verdades y nos saca de la zona de confort, donde tenemos el control de la situación.

En un viaje, descubres que eres más feliz de lo que crees, aunque lo estarás esperando cuando regreses de las vacaciones. Al viajar, usted y yo nos damos cuenta de que lo mejor de la vida es tener un buen colchón y un baño limpio, preferiblemente el nuestro, en casa, que usamos todos los días y que no siempre valoramos.

Después de un viaje por África, decidí que ya no quería pasar ocho horas dentro de una oficina y renuncié. Como lo he hecho, sé que muchas otras personas lo hacen y es un movimiento espontáneo que viene con el tiempo y es el resultado de largas reflexiones sobre las prioridades.

Sinceramente deseo que viajes más. Pase más tiempo consigo mismo y disfrute de la reevaluación de su vida. Vuelve a los sueños latentes y descubre cuánto te importan las personas que te rodean. Esto te ayudará a hacer tu vida más en sintonía con tu personalidad. Porque viajar es bueno, pero volver a una vida real que nos llena de felicidad siempre es mucho mejor.